Vivimos inmersos en una vorágine de prisas, un bucle de tiempo determinado en el que realizamos las tareas de forma tan metódica, que ni siquiera percibimos lo que estamos haciendo, estamos constantemente ocupados tratando de completar objetivos, trabajos, recados, viviendo, pero sin vivir del todo libres…..
Tenemos cada momento de nuestro día programado, para poder abarcar todo cuanto queremos llevar a cabo, y cada pequeño imprevisto que nos surge, se nos plantea en ocasiones como una montaña más que superar para poder volver a cuadrar nuestros tiempos.
Por eso cuando llegas a casa, hay que dejar la mochila de las prisas en el dintel de la puerta, cruzar ese marco, entrar sin dilación en un entorno solo y únicamente para ti, para dedicarte, para cuidarte, para mimarte.
Un momento en el que lo más importante eres tú, tus pensamientos, tus sueños, tus anhelos, una pausa en el que el único requisito imprescindible es disfrutar de cada segundo, con un café en la mano, apreciando lo te que tienes a tu alrededor, sintiendo la brisa que mueve tus cabellos, que te eriza la piel, escuchando ese el murmullo del follaje de los árboles cuando sus ramas se agitan, notando los últimos rayos del sol que te calientan la espalda, todo eso mientras sumerges los pies en el agua cristalina, esa que miras de forma serena mientras meneas los pies en ella.
Sientes ese contraste fresco del agua y el calor del café en tus labios, lo paladeas, lo degustas lo ingieres lentamente, percibes e inhalas su aroma característico, que te transporta cada día a este momento, de calma, paz y serenidad. Y por supuesto, ese instante perfecto no puedes menos que compartirlo con los seres más fieles, nobles e inocentes que te rodean, tus peludetes. Ellos, que comparten su mirada perdida en el horizonte contigo, que están siempre cerca de ti, para sacarte una sonrisa en los peores momentos, para regalarte un lametón inesperado, para dejar que tus dedos se hundan en su pelaje o simplemente para manifestar que están a tu lado para lo que necesites. Ellos quizás no hablen, pero te ofrecen con toda su alma, el amor más incondicional y puro.
Y así, ese instante, esa pausa tan personal, se convierte en tu ritual diario favorito, te sientes la persona más afortunada por poder vivir ese momento tan simple, pero tan cargado de las cosas más bellas que te rodean, la vida, la naturaleza, pero sobre todo el tiempo, ese al que tenemos que aprender a robarle más momentos de asueto para poder dedicarnos, para poder hacerlos nuestros.
Y no es significativo el lugar en donde emplaces tu momento propio, al borde de una piscina con los pies sumergidos, o bajo la sombra de un árbol cuyas hojas mueve la brisa, o simplemente sentada en el suelo, rodeada de pequeñas y húmedas naricillas que te olisquean sin cesar, mientras tratas de impedir que metan su hocico en tu café.
Solo importa, que ese es tu momento, para ti, para que lo hagas tuyo y lo guardes en el baúl de tus mejores recuerdos, esos que evocas cuando te ves superada por las circunstancias de la vida, esos instantes son el mejor tesoro que poseemos las personas.
Editado por última vez por Patty el 7-6-2026 20:57 |
Mira cómo cae ese chorro de café oscuro y caliente, y se llena de pura alegría. Sus ojitos brillan mientras el líquido la abraza y forma esa crema casi perfecta, con dreame sería mejor.
Ver caer ese primer chorro me despierta el alma. Ese aroma intenso, el sonido que hace al golpear la taza… Es mi momento favorito. Simple, pero me hace feliz.